Shhh…¡SILENCIO!

Shhh…¡SILENCIO!

Unimos treinta radios y lo llamamos rueda;
pero es en el espacio vacío donde reside la
utilidad de la rueda.
Moldeamos arcilla para hacer un jarro;
pero es en el espacio vacío
donde reside la utilidad del jarro.
Abrimos puertas y ventanas cuando construimos una casa;
son estos espacios vacíos
los que permiten utilizar la casa.
Por lo tanto, igual que aprovechamos lo que es,
deberíamos reconocer la utilidad de lo que no es.
(Lao-tse, Tao Te Ching, XI)

El bla bla, es una expresión que utilizo para referirme al diálogo interno negativo, a la rumiación, a esa voz dentro nuestro que, muchas veces, no encuentra un llano donde descansar, ataca, se victimiza, vive en estado de alerta, preocupada y ocupada pre-diciendo negativamente lo que va a ocurrir.

Esa narrativa interna, incesante, que nos aleja de una experiencia profunda de la realidad, por que nos impide un “sumergirnos inocentemente” en la vivencia. Cada cual lo viste de con su tono, por lo que sería arriesgado y fútil tipificarlos, por lo tanto, basta con reconocerlo como tal y coincidir en que el mismo promueve estados de ánimo desfavorables y ensimismamiento.

Por otro lado, EL SILENCIO mental, esa vacuidad donde el ego deja de ser “yo” y la identidad propia se funde con el cosmos. Con respecto a esto último, se comprobó recientemente que, la materia gris es 7 por ciento mayor  en meditadores, específicamente en el lóbulo temporal derecho asociado con las emociones y en ambos lóbulos frontales asociados con funciones cognitivas y de autocontrol cognitivo y emocional. (https://www.20minutos.es/noticia/4552174/0/un-estudio-muestra-los-posibles-beneficios-para-el-cerebro-de-la-meditacion-basada-en-el-silencio-mental/?autoref=true)

Sin, embargo habiendo planteado estos polos se hace preciso delinear un punto de partida para acallar, por momentos, los pensamientos. Comencemos por replantearnos la palabra “diálogo“. El “diálogo” da entidad a los argumentos, ya sea para confirmarlos o para desestimarlos, nos invita a un ida y vuelta donde hacemos foco en esta dialéctica, muchas veces “tóxica”, que en gran medida nos secuestra de la realidad y nos impide la resolución de la vida, en la vivencia. Segundo aceptemos estas ideas como parte de un todo, para luego soltarlas, sin invertir mayor tiempo que el que demande su registro. Parece contradictorio este punto, pero la inversión de energía que se hace, al momento de querer negar algo, nos vuelve sobre lo mismo una y otra vez. Observamos ese algo, lo respiramos por un instante y lo soltamos. Tercero, meditemos, para poder reconocer e integrar nuestro estar siendo en el vacío, en fusión con el todo, que desconoce de clasificaciones positivas y negativas y tan sólo abraza y acepta la totalidad. Cuarta y última propuesta de este escrito, entrenarnos en la escucha activa cuando conversamos, dejar de querer inferir hacia donde va nuestro interlocutor y abandonar la respuesta cómo actitud predominante, para comulgar en la empatía y permitirnos ampliar nuestra percepción de la mano del emisor.

Por último, me quiero alejar del concepto de resignación, entendiendo el mismo como un bajar los brazos ante la realidad. La invitación es a resolvernos en la re-significación, que se concreta después de una PAUSA, luego de un silencio, donde nos volvemos materia permeable a conectar con algo más allá de nuestro estar siendo presente. Ese STOP, necesario para accionar desde otro lugar, que nos abra a la oportunidad de dejar de repetirnos a nosotros mismos en nuestros comportamientos y por lo tanto en nuestro haBLAr interno.

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María Mercedes Crego.-

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